25/52 lluvia

Cuando llueve y la calle en la que vivo se inunda no es porque llovió torrencialmente 45 minutos y eso provocó que el agua saliera de las coladeras, tampoco es porque la basura de los árboles tapa la coladera. La ciudad está inundada desde hace décadas y el sistema de drenaje colapsa cualquier tarde de lluvia. Voy a la ventana y me quedo un buen rato viendo cómo la lluvia cae a plomo sobre el asfalto. Pienso de inmediato en Félix, ese gatito que vive en la calle, y que una vez vi que se escondió en la llanta del camión de prensa que se estaciona frente al periódico. Luego el agua comienza a salir de la coladera.

Hace un mes comencé a editar un libro sobre el agua que coordinó Adriana. Ahí leí cómo la situación del agua en la ciudad de México está en crisis desde hace décadas. Un grupo de biólogos investigaron lo que conforma un vaso de agua de lluvia de la ciudad de México. Un porcentaje alto indica que contiene partículas de excremento. Entre otras sustancias contaminantes. Salir y mojarse en la lluvia en esta ciudad te puede enfermar entre otras cosas porque mucho de lo que nos empapa es caca. A mí nunca me importó mojarme en la lluvia. Antes de la pandemia, en temporada de lluvia, era común agarrar un aguacero en la bicicleta. Ahora lo pienso con un poco de asco.

En este libro justo se habla de cómo poder limpiar la lluvia, es posible, pero se necesitan de varios mecanismos, una limpieza por capas, mismos que no han sido implementados en la ciudad, pero en los casos que se han colocado han solucionado muchos problemas de abastecimiento de agua.

Cuando veo cómo cae la lluvia pienso en eso, en cómo cada vez es más difícil que el agua llegue a la ciudad, y de las presas a las tuberías, mismas que están rotas y de ahí a los edificios y a los tinacos para después llenar un vaso. Y cómo el agua de lluvia solo se va al drenaje, a taponearlo, no se hace lago ni tampoco se recicla para el uso personal. Solo es parte de la basura.

Frente a la casa, don Memo, que tiene una fonda, sale con una escoba y barre y pica hasta retirar las hojas que hay sobre la coladera. Entonces el agua comienza a fluir hacia el drenaje. También la lluvia baja de intensidad.

El otro día salí a la tienda a comprar palomitas y en lo que daba la vuelta se soltó la lluvia. La cuatro prostitutas de la esquina se recluyeron en el techito de la tienda. Yo incluida. Quería cruzarme la calle pero estaba a tope la lluvia. Me di cuenta que no quería estar ahí con ellas. Era medio imposible conservar la sana distancia sin quedar fuera del techo. Salté a la calle y me mojé, corrí a la casa.

—¿Qué haces?

—Estoy viendo la lluvia y pensando en cómo Manuel de pronto se emocionaba por cosas y quería hacerlas en una tarde. Como si fuera posible solo hacer esa cosa hasta el final, así nacieron las manos quietas, en una tarde y también llovía. Por qué se tienen que tener motivos y planes, si se puede decidir escribir sobre la tarde lluviosa y publicarlo y hacer luego otra cosa. Bueno ahora ya no llueve.

—¿Me estás sugiriendo algo?

—Sí, podríamos escribir sobre esta tarde de lluvia.

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Historiadora

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